La polémica en torno a la cientificidad de las ciencias sociales (1º parte)


DOS TRADICIONES EN LA CONCEPCIÓN DE CIENCIA:

La investigación científica contempla dos aspectos: describir y producir teoría sobre los fenómenos. La construcción teórica busca explicar, es decir, hacer inteligibles, comprensibles los hechos acontecidos, y  predecir, es decir, anticipar la ocurrencia de los acontecimientos.
Esta distinción no debe tomarse con rigidez, ya que por ejemplo, la descripción no puede separarse totalmente de la teoría desde la cual se realiza (sus conceptos, categorías, leyes, etc.)
También la explicación y la predicción pueden ser vistas como procesos “idénticos” que difieren del punto de vista temporal, pues, mientras que la predicción se proyecta hacia el futuro, la explicación mira hacia atrás.  Por eso, la explicación y la predicción son procesos conectados entre sí.
Podemos revisar estos conceptos, preguntarnos por su alcance y posibilidad. Un modo de hacerlo es cuestionándonos por el papel de las leyes generales de la explicación científica, preguntándonos si la construcción teórica de las ciencias naturales es del mismo género de las ciencias sociales, o si es posible hablar de explicación en ciencias sociales del mismo modo que en las ciencias naturales.
En la historia de las ideas se distinguen dos importantes tradiciones que difieren en el planteamiento al establecer las condiciones que debe satisfacer una explicación científica.

La Tradición Aristotélica y la Tradición Galileana:
Se llama tradición aristotélica, al modo de explicación que aparece ya en la obra de Platón pero  que plasma con mayor claridad Aristóteles. Para esta tradición explicar es “comprender” los hechos, entender su finalidad, sus causas últimas o razones primeras, es decir su finalidad. Por ello es una explicación teleológica (finalista).
La tradición galileana por su parte, partiendo de una visión de mudo determinista y mecanicista regida por leyes universales buscará explicar el mundo estableciendo las relaciones causales en estos fenómenos. En lugar de una explicación teleológica pretende una explicación causal. No se pregunta el por qué y el para qué, sino el cómo, entendiendo por ella la causa más inmediata y práctica a través de la cual explicar los fenómenos.


1º  POLÉMICA: POSITIVISMO Y HERMENÉUTICA

A partir del siglo XIX se produjo el despertar del estudio sistemático del hombre, de su historia, de su lenguaje, de sus instituciones sociales. Este fue un despertar análogo al de las ciencias naturales en el Renacimiento. Estas ciencias sociales, también llamadas del hombre, la cultura o del espíritu deben su origen a la crisis de la sociedad producto de la Revolución Francesa, hecho que generó crisis e inestabilidad en el orden que se conocía hasta ese momento, lo que provocó un problema sobre la propia conciencia del hombre sobre lo social y consecuentemente generó la necesidad de reflexionar sobre ella.
Una de las principales cuestiones de la metodología y de la filosofía de la ciencia del Siglo XIX fue lo concerniente a las relaciones entre ciencias sociales y ciencias naturales. Y esto fue la consecuencia de que cuando surgieron las ciencias sociales, las ciencias naturales que gozaban de un tiempo de desarrollo y de madurez, ya habían alcanzado desarrollo y éxitos. Esto provocó presión sobre las ciencias sociales ya que las primeras se constituyeron en medida de cientificidad y por lo tanto en el ideal de su desarrollo, lo cual generó una polémica respecto del estatuto de cientificidad de las ciencias sociales y un debate que se ha ido reeditando a través de los tiempos.
En el siglo XIX, apenas surgen las ciencias sociales aparece la primera polémica representada por dos posiciones: Positivismo y Hermenéutica.


POSITIVISMO:

Uno de los principios del positivismo es el monismo metodológico que consiste en sostener una unidad del método científico con independencia de sus objetos.
Otro principio consiste en establecer como medida de cientificidad de todas las ciencias, incluidas las sociales a las ciencias naturales, particularmente la física matemática. De este modo las ciencias naturales se constituyen en canon o ideal de cientificidad.
También sostienen (siguiendo la tradición galileana) la búsqueda de la explicación causal en sentido general, la cual consiste en subsumir los casos individuales bajo leyes generales hipotéticas de la naturaleza, incluidas la naturaleza humana. Este tipo de explicación causal determinista.
Por último, podemos reconocer como otro principio del positivismo el interés de dominio, la búsqueda de poder a través del conocimiento científico. LA naturaleza devenida a objeto de conocimiento, de cálculo y de control, se cosifica y manipula en función de las necesidades y utilidades, guiados por un interés pragmático y una racionalidad tecnológica.
Estos principios que sostienen la unidad del método y la relevancia de las leyes generales ligan al positivismo a la tradición galileana.
Los que adscribían a una posición positivista aplicaron métodos matemáticos a la economía política, o construyeron una física social, como  fue el caso de Comte.


HERMENÉUTICA:

Otra posición que aparece respecto de las ciencias naturales y las del hombre fue la reacción contra el positivismo. Esta filosofía antipositivista del S XIX es una tendencia más diversa y heterogénea que el positivismo. Para englobarlas como una posición epistemológica podemos denominarla Hermenéutica.
Sus figuras representativas son los filósofos, historiadores y científicos sociales alemanes. Entre los más conocidos se encuentran Droysen, Dilthey, Simmel, Weber, Windelband y Rickert.
Todos ellos rechazaron los principios del positivismo y rehusaron a tomar como patrón o ideal regulador único y supremo a las ciencias naturales. También rechazaron el afán predictivo y la reducción de la razón a razón instrumental.
A diferencia del positivismo que planteaba un monismo metodológico, acentuaron el contraste, la diferencia entre las ciencias sociales y las humanas, señalando que mientras las ciencias naturales buscan generalizaciones sobre los fenómenos reproducibles y predecibles, las ciencias naturales buscan comprender las peculiaridades individuales y únicas de sus objetos de estudio.
Droysen fue el primero que estableció la diferencia, que hoy ya es clásica, entre explicación y comprensión, idea que luego Dilthey elaboró con mayor sistematicidad.
Aunque toda explicación nos proporciona una comprensión de las cosas, el termino comprensión tiene una “resonancia psicológica” que carece el termino explicación. En este sentido es Simmel quien dice que la comprensión es una especie de empatía (ponerse en el lugar del otro) en el cual el investigador trata de recrear en su mente la atmosfera cultural, espiritual, de los sentimientos, pensamientos y emociones, motivos y valores de sus objetos de estudio. A su vez Droysen sostenía que la manifestación de lo singular es expresión de la interioridad, por lo cual, captar un hecho histórico requiere comprender la dimensión interna.
La comprensión, a diferencia de la explicación, también se encuentra vinculada a la intencionalidad. En la dimensión intencional se busca  comprender lo objetivos y propósitos de un agente, el sentido de un símbolo o de una institución. Sin duda esta perspectiva aproxima a la tradición aristotélica la cual sostenía que una buena explicación es aquella que puede dar cuenta de las causas o razones finales, lo que antes llamamos explicación teleológica.
Dilthey acentuó el hecho de que en las ciencias sociales el investigador es parte del mismo universo histórico, pertenece a la realidad investigada, por lo tanto no es posible marcar de manera tajante la separación entre sujeto y objeto, pues existe una unidad entre ambos. Esto en lugar de ser una limitante permite la comprensión la cual se fundamenta en esa unidad.
El monismo metodológico y la pretensión legalista  queda cuestionado también por Wildelband quien marca la distinción entre los tipos de objetos de una y otra ciencia. Mientras que las ciencias naturales estudian objetos y fenómenos regulares, irrepetibles y uniformes, las ciencias sociales estudian fenómenos singulares, irrepetibles, individuales. Por eso dirá este autor, mientras que las primeras son nomotéticas (nomos: leyes) porque buscan leyes, las sociales son ideográficas porque buscan la comprensión de los hechos singulares.

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